El Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II fue una berlina deportiva concebida con una finalidad muy concreta: servir como base de homologación para los turismos de competición que la marca alemana utilizaba en el Deutsche Tourenwagen-Meisterschaft, el campeonato alemán de turismos conocido como DTM. Presentado en marzo de 1990, representó la evolución definitiva del 190 E 2.5-16 y llevó hasta un extremo poco habitual la relación entre un coche de carretera y su equivalente de carreras.
Mercedes-Benz fabricó 502 unidades del Evolution II, todas con carrocería berlina y acabado exterior azul-negro metalizado. La cifra no respondía únicamente a una estrategia de exclusividad: la producción permitía cumplir los requisitos de homologación exigidos por la normativa deportiva de la época. El resultado fue un automóvil muy poco común, técnicamente sofisticado y visualmente inconfundible.
Un 190 E transformado en coche de altas prestaciones
El punto de partida era el Mercedes-Benz 190 E de la serie 201, una berlina compacta que había llegado al mercado a comienzos de los años ochenta. Su arquitectura no tenía el tamaño ni la presencia de una Clase S, pero sí incorporaba soluciones importantes para la marca, como una suspensión trasera independiente de cinco brazos y una carrocería diseñada con especial atención a la aerodinámica y la seguridad.
Sobre esa base, el 190 E 2.5-16 Evolution II recibía una puesta a punto mucho más específica. Los pasos de rueda ensanchados permitían alojar ruedas de mayor tamaño, mientras que los paragolpes, los faldones laterales y el enorme alerón posterior modificaban de forma evidente la imagen del coche. No eran adornos añadidos únicamente para llamar la atención: formaban parte del trabajo aerodinámico necesario para desarrollar el turismo de competición.
El alerón trasero podía regularse y trabajaba junto con otros elementos de la carrocería para aumentar la estabilidad a alta velocidad. El resultado era una berlina de aspecto casi exagerado para los estándares de Mercedes-Benz, pero coherente con el contexto del DTM, donde los fabricantes utilizaban carrocerías de cuatro puertas como punto de partida para auténticos prototipos de circuito.
Motor M 102: cuatro cilindros y mucha ingeniería
El motor del Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II era una evolución del propulsor M 102 de cuatro cilindros en línea y 2,5 litros de cilindrada. Incorporaba culata de cuatro válvulas por cilindro y estaba instalado con una inclinación de 15 grados. En la versión de carretera desarrollaba 173 kW, equivalentes a 235 CV, a 7.200 revoluciones por minuto.
La cifra de potencia no era extraordinaria si se compara con algunos deportivos actuales, pero sí resultaba muy significativa en una berlina compacta atmosférica de comienzos de los años noventa. El motor estaba concebido para girar alto y ofrecer una respuesta directa, sin la entrega brusca de un propulsor turboalimentado. Mercedes-Benz declaraba una velocidad máxima de 250 km/h para el modelo de calle.
La evolución no se limitaba a aumentar la potencia. El motor utilizaba una relación entre diámetro y carrera favorable al régimen elevado, con un diámetro de cilindro de 97,3 milímetros y una carrera de 82,8 milímetros. El propulsor de competición empleaba medidas ligeramente diferentes y alcanzaba cifras de potencia muy superiores, por lo que no debe confundirse con el motor instalado en las unidades matriculables.
La diferencia entre el coche de calle y el DTM
El 190 E 2.5-16 Evolution II de carretera era el modelo de homologación. El coche que competía en el DTM era un turismo de carreras desarrollado específicamente para los circuitos y preparado por equipos especializados, entre ellos AMG y HWA. En su evolución inicial, el motor de competición superaba los 330 CV, mientras que el coche que logró el campeonato de pilotos de 1992 llegó a alcanzar hasta 373 CV.
También cambiaban la transmisión, la aerodinámica, la suspensión, los frenos, el peso y la distribución de los componentes. Por eso, afirmar que el modelo de calle era exactamente el mismo coche que el campeón del DTM sería incorrecto. La relación entre ambos era real, pero respondía a una obligación de homologación: el turismo de competición partía de la misma familia y utilizaba la carrocería del 190 E, aunque su preparación era mucho más extrema.
Una suspensión preparada para algo más que viajar
El chasis del Evolution II conservaba la arquitectura de la serie 201, pero incorporaba modificaciones destinadas a mejorar el comportamiento dinámico. La suspensión era más firme y permitía una utilización más deportiva, mientras que la mayor anchura de vías y los neumáticos de mayor sección ayudaban a transmitir la potencia al asfalto.
La tracción era trasera y la transmisión manual contaba con cinco velocidades. Esta configuración, combinada con un motor atmosférico de respuesta progresiva, exigía trabajar con el cambio y aprovechar la zona alta del cuentarrevoluciones. No era una berlina rápida únicamente por aceleración; su planteamiento buscaba estabilidad, precisión y capacidad para mantener un ritmo elevado en carreteras rápidas.
El diferencial autoblocante y los sistemas de regulación del chasis contribuían a mejorar la motricidad. En una época anterior a la generalización de los controles electrónicos modernos, la puesta a punto mecánica tenía un peso decisivo. La eficacia dependía en gran medida de la suspensión, la geometría de los ejes, el diferencial y el trabajo del conductor.
El éxito deportivo del 190 E Evolution II
El vínculo con el automovilismo no era una simple operación de marketing. El Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II compitió en el DTM desde 1990 y se convirtió en una de las piezas centrales del programa de la marca en los primeros años de esa década.
Su temporada más importante llegó en 1992. Klaus Ludwig consiguió el título de pilotos del DTM al volante de un Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II, mientras que los pilotos de Mercedes-Benz lograron 16 victorias en las 24 carreras disputadas aquella temporada. La marca también colocó a Kurt Thiim y Bernd Schneider en posiciones destacadas de la clasificación final. En este caso, el campeonato correspondió al turismo de carreras, no a la versión de carretera vendida a los clientes. ([media.mercedes-benz.com](
La importancia del modelo dentro de la historia de Mercedes-Benz también se entiende por su papel como antecedente de las futuras berlinas deportivas de la marca. El Evolution II demostró que una carrocería compacta podía convertirse en una plataforma competitiva sin perder por completo su relación con un automóvil de producción.
Un diseño funcional que terminó convertido en icono
La estética del 190 E 2.5-16 Evolution II divide opiniones. Su alerón trasero, los pasos de rueda ensanchados y las llantas específicas rompen con la discreción habitual de otros Mercedes-Benz contemporáneos. Sin embargo, cada elemento responde a una lógica técnica. El coche no intenta parecer deportivo mediante pequeños detalles: muestra abiertamente que fue creado alrededor de un programa de competición.
En el interior mantenía la estructura de una berlina compacta, con cuatro plazas y un habitáculo más sobrio que el de muchos deportivos de la época. Esa mezcla entre apariencia de coche de carreras y funcionalidad cotidiana forma parte de su atractivo. No era un coupé radical ni un biplaza ligero, sino una berlina capaz de transportar pasajeros mientras escondía una mecánica desarrollada con criterios muy próximos al circuito.
Qué hace especial al Evolution II
El Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II destaca por la combinación de varios factores. Fue una serie limitada, utilizó un motor atmosférico de alto régimen, incorporó una puesta a punto específica y nació directamente de las exigencias del DTM. Además, su éxito deportivo quedó respaldado por un campeonato de pilotos conseguido en 1992.
Su principal interés histórico no está solo en la potencia o en la rareza. Representa una época en la que las marcas podían desarrollar una berlina de calle para homologar un turismo de carreras y trasladar parte de esa ingeniería al cliente. Hoy ese planteamiento resulta mucho menos habitual, especialmente en un mercado dominado por motores turboalimentados, sistemas electrónicos complejos y plataformas compartidas.
El Evolution II fue, en definitiva, la expresión más extrema del Mercedes-Benz 190 E. Una berlina compacta con motor de cuatro cilindros, cambio manual y tracción trasera que terminó convertida en una herramienta de competición. Su leyenda no depende de exageraciones: basta con observar cómo se desarrolló, qué tecnología incorporaba y qué consiguió el coche de carreras basado en su misma familia.
Artículo elaborado por Álex Rivas, redactor IA de Histéresis.
