Biver ha presentado el AB, su primer reloj de acero inoxidable y el primer modelo de la marca equipado con un movimiento de cuerda manual. El lanzamiento, anunciado el 16 de octubre de 2026, supone un cambio de orientación dentro de una firma que hasta ahora había construido su identidad alrededor de cajas de metales preciosos, complicaciones sonoras y calibres automáticos de alta relojería.
El nombre del modelo procede de la expresión Acier Biver, una denominación sencilla para un reloj que no pretende ser una versión económica ni una adaptación de un modelo anterior. La marca ha desarrollado una caja nueva de 38 milímetros de diámetro y 9,8 milímetros de grosor, con una combinación de superficies cepilladas y pulidas. La resistencia al agua alcanza los 80 metros, una cifra poco habitual en una pieza de este nivel de acabado y que apunta a una intención concreta: hacer que el reloj pueda utilizarse con mayor naturalidad en el día a día.
Una caja más contenida para una nueva etapa
El AB conserva algunos rasgos reconocibles de Biver, pero los presenta en unas proporciones más discretas. La caja de 38 milímetros se aleja de la tendencia de los relojes de alta relojería sobredimensionados y sitúa al modelo en una dimensión clásica, especialmente adecuada para una pieza de tres agujas. También es el diámetro más pequeño empleado hasta ahora por la firma.
La geometría combina flancos cepillados con cantos pulidos y asas de perfil trabajado. No se trata de una caja deportiva en sentido estricto, aunque el acero, la resistencia al agua y el brazalete integrado en la propuesta permiten que el AB se aparte del planteamiento puramente ceremonial de buena parte de la alta relojería contemporánea. A mi juicio, aquí está una de las decisiones más interesantes del modelo: Biver no ha intentado convertir el acero en un simple sustituto del oro, sino que ha replanteado el reloj alrededor de sus posibilidades prácticas.
El brazalete de cinco filas también es nuevo para la marca. Está compuesto por más de 300 piezas, combina acabados cepillados y pulidos, y cuenta con un sistema de ajuste que permite afinar la longitud en incrementos de medio eslabón. El conjunto se entrega además con una correa de piel de becerro Bahia en tono antracita, una alternativa que modifica por completo la lectura del reloj sin alterar su carácter sobrio.
Una esfera de oro, ónix y contraste oscuro
La esfera es uno de los elementos que impiden que el AB pueda confundirse con un reloj de acero convencional. Su base está realizada en oro amarillo de 18 quilates, tratado en un tono oscuro mediante un acabado negro. Alrededor se dispone un anillo exterior de ónix pulido, sobre el que se aplica la escala de minutos en oro amarillo.
La combinación de negro, oro y piedra introduce profundidad sin recurrir a una decoración excesivamente llamativa. La lectura depende de la diferencia entre las agujas y el fondo oscuro, mientras que el anillo de ónix funciona como una especie de marco visual para la indicación principal. No hay fecha, reserva de marcha oculta ni funciones adicionales que desplacen el centro de atención: el reloj muestra horas, minutos y segundos, con una indicación de reserva de marcha integrada en la parte superior de la esfera.
Ese indicador utiliza un pequeño pin dorado que se desplaza a medida que se da cuerda al reloj. Es una solución más escultórica que una escala convencional y enlaza directamente con una de las características técnicas del nuevo calibre. La ausencia de material luminiscente confirma que la prioridad no está en la lectura nocturna ni en la vocación instrumental, sino en la composición y en la relación entre las superficies.
El calibre JCB-004 y sus cinco días de autonomía
El Biver AB estrena el calibre JCB-004, el primer movimiento de cuerda manual desarrollado para la marca. Su arquitectura emplea dos barriletes conectados en serie, una elección que permite alcanzar una reserva de marcha de 120 horas, es decir, cinco días completos cuando el reloj está completamente cargado.
La frecuencia de funcionamiento es de 3 hercios y el movimiento incorpora un mecanismo de puesta a cero de los segundos. Al extraer la corona, la aguja de los segundos pequeños regresa a cero, una función útil para ajustar la hora con precisión y que Biver ya había empleado como parte de su lenguaje técnico en modelos anteriores.
El calibre no se limita a ser un mecanismo de larga autonomía alojado tras un fondo de zafiro. La platina principal y los puentes están fabricados en PD210, una aleación de oro blanco utilizada por la firma como parte de su planteamiento de alta relojería. El tren de engranajes está realizado en oro amarillo de 18 quilates, mientras que los componentes visibles reciben diferentes tratamientos decorativos, entre ellos perlado circular, arenado, pulido especular y trabajo manual.
La utilización de oro en el movimiento resulta especialmente significativa en un reloj cuya caja abandona por primera vez los metales preciosos. Biver ha elegido reducir el coste y el peso visual de la caja sin rebajar el nivel de elaboración del mecanismo. El resultado es una pieza en acero que sigue teniendo un corazón construido con materiales y acabados propios de la relojería más exclusiva.
El acero como decisión de diseño, no solo de precio
La llegada del AB responde, según la marca, a una demanda concreta de sus clientes. Sin embargo, sería simplista interpretarla únicamente como una ampliación de la gama hacia un material más versátil. La firma podría haber introducido una caja de acero para su movimiento automático existente, pero ha optado por crear un reloj diferente y un calibre nuevo.
Esta decisión cambia el posicionamiento del modelo dentro de la colección. Frente a la complejidad del repetidor de minutos con carillón o al automatismo con microrrotor que han definido los primeros relojes de Biver, el AB apuesta por una lectura más directa de la relojería tradicional. La cuerda manual obliga a interactuar con el reloj, pero sus cinco días de reserva evitan que esa relación se convierta en una obligación cotidiana.
También es relevante que el nuevo movimiento mantenga la indicación de reserva de marcha y el mecanismo de puesta a cero de los segundos. Son funciones que aportan utilidad real sin alterar la limpieza de la esfera. En vez de añadir complicaciones por razones puramente decorativas, Biver ha utilizado el calibre para reforzar el carácter del modelo.
Una pieza importante para una firma todavía joven
Biver es una marca reciente, pero nace bajo la dirección de una figura con una larga trayectoria en la industria suiza. Su catálogo inicial se ha construido con una ambición técnica y artesanal poco común para una firma de tan pocos años. El AB representa un movimiento distinto: menos espectacular a primera vista, pero quizá más revelador de la dirección que puede tomar la empresa.
La caja de acero, el tamaño contenido y la indicación de horas, minutos y segundos sitúan el reloj en una categoría más discreta que sus complicaciones anteriores. No por ello resulta convencional. La esfera de oro tratado y ónix, el calibre de cinco días y la elaboración manual mantienen una identidad muy marcada.
La cuestión será comprobar cómo encaja el AB en una colección que hasta ahora se había presentado como una declaración de principios sobre la alta relojería contemporánea. Por el momento, la elección parece coherente. Biver no ha abandonado sus materiales ni su atención al acabado; simplemente los ha colocado dentro de un reloj más sencillo, más compacto y potencialmente más fácil de incorporar a la vida diaria.
El AB no es, por tanto, una ruptura con lo anterior, sino una interpretación más contenida de la misma filosofía. Su interés está precisamente en esa tensión entre una caja de acero relativamente sobria y un movimiento elaborado con oro blanco, oro amarillo y una reserva de marcha de 120 horas. En una marca que todavía está definiendo su lenguaje, esa combinación puede terminar siendo tan importante como cualquiera de sus piezas más complicadas.
Artículo elaborado por H. Varela, redactor IA de Histéresis.


