Louis Erard y Vianney Halter han presentado el Futur Antérieur, una nueva colaboración que lleva más lejos la relación entre la marca suiza y uno de los creadores más reconocibles de la relojería independiente contemporánea. El reloj combina dos esferas desplazadas, dos coronas y dos movimientos automáticos en una caja de acero de 38 milímetros de diámetro y apenas 8,85 milímetros de grosor.
El resultado no pretende ser un reloj convencional con una lectura convencional. Las horas y los minutos aparecen en una esfera principal situada en la parte inferior derecha, mientras que los segundos ocupan una esfera más pequeña en la zona superior izquierda. La solución recuerda inmediatamente al lenguaje visual de Vianney Halter, pero la construcción empleada es más directa y contenida que la de sus creaciones de alta complicación.
Una nueva aproximación al universo de Vianney Halter
El nombre Futur Antérieur alude a un tiempo verbal francés que podría traducirse como “futuro anterior”. La expresión encaja con la filosofía del proyecto: mirar hacia delante utilizando formas, materiales y códigos visuales que parecen rescatados de una idea antigua del futuro.
Vianney Halter construyó buena parte de su identidad alrededor de una relojería de inspiración científica, industrial y retrofuturista. Su Antiqua, presentada a finales de la década de 1990, se convirtió en una de las piezas fundamentales de la relojería independiente moderna por su combinación de esferas tipo portilla, remaches, volúmenes arquitectónicos y una interpretación casi literaria de la mecánica.
El Futur Antérieur no intenta reproducir aquella pieza. De hecho, su interés está precisamente en seleccionar algunos de sus rasgos más reconocibles y traducirlos a una arquitectura nueva. Las dos esferas están rodeadas por biseles elevados, sujetos visualmente por doce remaches dorados cada uno. Las coronas, una a cada lado de la caja, repiten el motivo con seis remaches en cada unidad.
A mi juicio, esta es una de las claves del reloj. La colaboración no se limita a imprimir una firma célebre sobre una caja ya existente, sino que construye una caja específica para desarrollar una lectura separada de las indicaciones. Es una manera razonablemente honesta de acercarse al imaginario de Halter sin fingir que estamos ante una nueva Antiqua.
Dos esferas, dos coronas y dos movimientos automáticos
La decisión técnica más llamativa es el uso de dos calibres automáticos Sellita SW100. Uno se encarga de las horas y los minutos, y el otro mueve la aguja central de los segundos. Cada movimiento tiene su propia corona, de modo que ambos pueden ajustarse de manera independiente.
El Sellita SW100 es un calibre automático compacto de 17,20 milímetros de diámetro y 4,80 milímetros de altura. Cada unidad funciona a una frecuencia de 28.800 alternancias por hora, utiliza 25 rubíes y ofrece una reserva de marcha mínima de 38 horas, con un valor habitual anunciado de aproximadamente 42 horas.
La elección tiene consecuencias evidentes. El reloj no necesita un mecanismo especialmente desarrollado para distribuir las indicaciones en dos zonas independientes, porque cada esfera dispone de su propio órgano regulador y su propio tren de engranajes. Es una solución menos espectacular desde el punto de vista de la ingeniería que un movimiento integrado de concepción específica, pero también resulta más sencilla, delgada y coherente con el planteamiento del proyecto.
Los dos rotores están decorados con un acabado de tipo Côtes de Genève y llevan el logotipo de Louis Erard grabado. La trasera es cerrada y está grabada con el nombre de la colaboración y el número individual de cada pieza. En este caso, la ausencia de un fondo transparente parece lógica: el interés del reloj está en la composición frontal y la presencia de dos movimientos independientes no necesita convertirse en un argumento visual permanente.
Una caja delgada con proporciones poco habituales
La caja de acero inoxidable mide 38 milímetros de ancho y 44 milímetros de largo. La forma alargada se debe en parte a la disposición de las dos esferas, pero también a unas asas articuladas que pueden moverse para adaptarse mejor al perfil de la muñeca. La altura de 8,85 milímetros resulta especialmente significativa en un diseño con dos mecanismos y una construcción tan marcada.
Louis Erard combina superficies cepilladas circulares en la parte frontal, laterales con cepillado vertical y chaflanes pulidos. Los dos cristales de zafiro cuentan con tratamiento antirreflejos en ambas caras y protegen cada una de las esferas por separado. La resistencia al agua es de 50 metros, una cifra suficiente para el uso cotidiano, aunque no convierte al Futur Antérieur en un reloj concebido para actividades acuáticas.
Las asas articuladas cumplen además una función estética. En lugar de prolongar la caja con unas asas tradicionales, introducen un detalle mecánico visible que refuerza la asociación con el diseño de instrumentos y máquinas imaginarias. No es un adorno aislado: ayuda a que la caja parezca concebida como un conjunto y no como una esfera convencional ampliada.
Dos versiones con la misma arquitectura
El Futur Antérieur se presenta en dos configuraciones. La versión Gold utiliza esferas con acabado dorado, agujas de acero azulado y una correa de piel de avestruz negra. La versión Silver emplea esferas en tono plateado, agujas también azuladas y una correa de piel de avestruz azul.
En ambas versiones, las esferas combinan una base granulada con un anillo exterior cepillado y chaflanes pulidos. Los índices y las escalas se integran en una composición escalonada que acentúa la sensación de profundidad. Las agujas azuladas de estilo Vianney Halter aportan el contraste necesario para que la lectura no quede absorbida por la textura de las superficies.
La versión dorada es la más cercana al imaginario retrofuturista asociado a Halter, sobre todo por la relación entre los tonos amarillos, los remaches y las formas de portilla. La versión plateada parece algo más instrumental y deja que la construcción de la caja tenga mayor protagonismo. La elección entre ambas depende, por tanto, de si se busca una interpretación más teatral o más técnica del mismo concepto.
Una colaboración que continúa una línea propia
Louis Erard ha convertido las colaboraciones con creadores reconocidos en una parte importante de su identidad reciente. La marca ha trabajado con nombres vinculados al diseño y a la relojería independiente, utilizando sus propios recursos para desarrollar piezas con una personalidad más marcada que la de una colección convencional.
La relación con Vianney Halter ya había dado lugar a relojes reguladores de estética industrial. El Futur Antérieur supone un paso diferente porque abandona la indicación reguladora como eje principal y se concentra en la separación física de las funciones. El reloj no muestra una complicación tradicional, pero sí plantea una pregunta interesante: ¿cuántos movimientos hacen falta para construir una identidad visual determinada?
La respuesta aquí son dos calibres automáticos pequeños, dos coronas y una caja diseñada alrededor de dos portillas. Puede parecer una solución deliberadamente sencilla, pero precisamente por eso funciona. El reloj no trata de ocultar su artificio. La lectura dividida forma parte de su carácter y la duplicación mecánica se convierte en una decisión de diseño.
Un Futur Antérieur más accesible que una creación de alta relojería
Conviene situar el modelo en su contexto. El Futur Antérieur no pretende competir técnicamente con una creación artesanal de Vianney Halter ni ofrecer el mismo nivel de construcción manual que una pieza de alta relojería independiente. Su propuesta consiste en acercar algunos de los códigos visuales del relojero a una plataforma industrial, con una arquitectura original y una producción limitada.
La edición queda limitada a 178 unidades por cada versión. También existe una serie especial de conjuntos que reúne ambas configuraciones. Más allá de la escasez, lo relevante es que el número conecta con la escala de producción de anteriores colaboraciones entre Louis Erard y Vianney Halter, manteniendo una cierta continuidad dentro de la relación entre ambas partes.
El Futur Antérieur no es un reloj discreto ni pretende serlo. Su interés está en la composición, en la separación de las indicaciones y en la manera de convertir una solución mecánica relativamente sencilla en una pieza con un lenguaje visual propio. Para los aficionados a la relojería independiente, es una novedad interesante porque plantea una colaboración con una idea reconocible detrás, no solo una combinación de nombres.
También muestra una vía que sigue teniendo recorrido: utilizar movimientos disponibles y concentrar el esfuerzo en la caja, las esferas y la experiencia de lectura. En este caso, el resultado se apoya en una referencia histórica clara, pero no vive únicamente de la nostalgia. El Futur Antérieur intenta construir su propia versión de un futuro que, como su nombre indica, ya parece haber ocurrido.
Artículo elaborado por H. Varela, redactor IA de Histéresis.


