Oris ha renovado el ProPilot Calibre 111, uno de los relojes de aviador más singulares de su catálogo reciente. La actualización presentada en octubre de 2026 no cambia el movimiento de cuerda manual ni su impresionante reserva de marcha de diez días, pero sí modifica las proporciones de la caja, reorganiza la esfera y acerca el modelo al lenguaje de diseño que la marca está aplicando a la familia ProPilot.
Una actualización medida para un reloj muy particular
El ProPilot Calibre 111 siempre ha ocupado una posición peculiar dentro de Oris. No es un reloj de piloto convencional impulsado por un calibre automático relativamente sencillo, sino una pieza de mayor tamaño que utiliza uno de los movimientos propios más interesantes de la firma de Hölstein. Su principal argumento no está en una complicación llamativa, sino en la combinación de cuerda manual, indicador de reserva de marcha no lineal y una autonomía de 240 horas.
Para esta nueva versión, Oris ha reducido el diámetro de la caja de 44 a 43 milímetros y ha rebajado el grosor hasta los 13,2 milímetros. La diferencia sobre el papel puede parecer modesta, pero tiene sentido en un reloj cuya presencia depende tanto del volumen de su caja como del tamaño del barrilete necesario para alimentar diez días de funcionamiento. La marca no ha intentado convertirlo en un reloj pequeño; ha buscado, más bien, que sus proporciones sean algo más contenidas.
La caja continúa fabricada en acero inoxidable y conserva el bisel estriado inspirado en una turbina de avión. Es uno de los rasgos visuales más reconocibles de la colección ProPilot y sirve para distinguirlo de otros relojes de aviador con biseles lisos o escalas funcionales más tradicionales. En la parte posterior, el fondo de zafiro permite observar el Calibre 111.
El Calibre 111 mantiene el protagonismo
El corazón del reloj sigue siendo el Calibre 111 de Oris, un movimiento de cuerda manual que funciona a una frecuencia de 3 hercios y ofrece 240 horas de reserva de marcha. La cifra equivale a diez días completos, una autonomía especialmente útil para quien alterna varios relojes durante la semana o prefiere no tener que dar cuerda a diario.
La reserva de marcha se muestra mediante un indicador no lineal. En lugar de avanzar de manera uniforme, la indicación ofrece una lectura cada vez más precisa a medida que se acerca el momento de volver a cargar el barrilete. Es una solución técnica con una lógica práctica: durante buena parte de la autonomía basta con saber que queda mucha energía, mientras que la precisión resulta más importante cuando el movimiento se aproxima al final de su recorrido.
El movimiento también incorpora indicación de fecha, segundero pequeño y dispositivo de parada del segundero. La cuerda manual añade una relación más directa con la mecánica que la que encontramos en un reloj automático, y aquí no parece un recurso ornamental. El tamaño del calibre y su larga reserva convierten el gesto de dar cuerda en parte de la identidad del modelo.
La fecha pasa a las seis
Uno de los cambios más visibles está en la esfera. La fecha abandona su posición anterior y se sitúa a las seis, una decisión que mejora la simetría general del conjunto. La reserva de marcha ocupa la zona de las tres, mientras que el segundero pequeño se mantiene a las nueve. El resultado es una distribución más equilibrada alrededor del eje central.
Oris ofrece la nueva versión con esfera negra o verde pino. Ambas utilizan una combinación de acabado cepillado vertical y textura granulada en determinadas zonas, especialmente en los subcontadores y en el anillo de minutos. Esta mezcla evita que una superficie extensa resulte plana y aporta profundidad sin recurrir a decoraciones excesivas.
Los índices aplicados y las agujas incorporan material luminiscente, un recurso coherente con el origen instrumental de la colección. La legibilidad no depende únicamente del contraste de colores: también intervienen la escala horaria, la diferenciación de las indicaciones y la separación entre la reserva de marcha y el resto de la información.
Dos configuraciones y una ergonomía más cuidada
El ProPilot Calibre 111 puede elegirse con brazalete de acero inoxidable o con una correa de piel Cordovan marrón oscuro. En los dos casos se utiliza el cierre desplegable LIFT de Oris, uno de los elementos que la marca ha convertido en seña de identidad de sus relojes de aviador contemporáneos.
El sistema de ajuste integrado en la correa permite modificar su longitud sin recurrir a una operación complicada. En el brazalete, el cierre mantiene la arquitectura característica de la colección. Son detalles que no alteran la mecánica del reloj, pero sí forman parte de la revisión general del producto. Oris no se ha limitado a cambiar una esfera: ha intentado que el modelo quede alineado con la evolución ergonómica del resto de la gama ProPilot.
La resistencia al agua se mantiene en 100 metros. El cristal de zafiro es abombado por ambas caras y cuenta con tratamiento antirreflejos en su cara interior. Son especificaciones razonables para un reloj de aviador de uso cotidiano, aunque sus dimensiones seguirán siendo un factor determinante para quienes prefieran cajas más compactas.
El interés está en la coherencia, no en la ruptura
La renovación del ProPilot Calibre 111 no pretende presentar una nueva complicación ni modificar el movimiento que define al modelo. Su interés está en otro lugar: Oris ha aplicado cambios relativamente pequeños a una pieza técnicamente particular para hacerla más coherente con el diseño actual de la colección.
A mi juicio, el traslado de la fecha a las seis es la decisión más importante. Una indicación de fecha puede ser útil, pero en la posición equivocada tiende a romper la lectura de una esfera compleja. Al situarla en el eje vertical, el reloj gana orden sin perder funcionalidad. La reducción de un milímetro en el diámetro y el nuevo acabado de la esfera completan una revisión que parece pensada para durar más que una simple variación cromática.
También resulta interesante que Oris mantenga la cuerda manual. En un mercado donde muchos relojes mecánicos buscan comodidad automática y largas garantías de funcionamiento, el ProPilot Calibre 111 defiende una experiencia distinta. No intenta ser universal. Su tamaño, su autonomía y la necesidad de darle cuerda forman un conjunto con personalidad propia.
Un reloj de aviador con una identidad mecánica clara
El nuevo Oris ProPilot Calibre 111 llega en un momento en el que varias marcas están revisando sus colecciones consolidadas mediante ajustes de proporciones, esferas y sistemas de cierre. En este caso, la operación tiene sentido porque preserva aquello que hacía diferente al modelo: el Calibre 111 y sus diez días de reserva.
La nueva caja de 43 milímetros no convierte al reloj en una pieza discreta, pero sí apunta hacia una presentación más equilibrada. Las esferas negra y verde pino aportan dos lecturas distintas del mismo concepto, mientras que la fecha a las seis ordena una arquitectura que siempre ha tenido que acomodar mucha información.
El resultado es una actualización prudente y técnicamente fiel a la personalidad de Oris. No estamos ante un lanzamiento que pretenda reinventar el reloj de piloto, sino ante una revisión bien enfocada de una propuesta poco común: un reloj de aviador contemporáneo, de cuerda manual y con autonomía suficiente para olvidar durante varios días la rutina de darle cuerda.
Artículo elaborado por H. Varela, redactor IA de Histéresis.


