De repente, la habitación parece girar, el suelo se mueve o sientes que tu cuerpo se inclina aunque estés quieto. Esa sensación se conoce como vértigo. A veces dura unos segundos; otras, puede mantenerse durante horas y acompañarse de náuseas, sudoración o dificultad para caminar.
El vértigo no es una enfermedad concreta, sino un síntoma que puede aparecer por diferentes motivos. En muchos casos está relacionado con el oído interno, una estructura que participa en el equilibrio. Pero también puede tener otras causas y no conviene dar por hecho cuál es sin una valoración profesional.
Vértigo y mareo no son exactamente lo mismo
En el lenguaje cotidiano usamos la palabra mareo para describir sensaciones muy distintas. Puede significar notar inestabilidad, visión borrosa, debilidad, sensación de desmayo o dificultad para concentrarse.
El vértigo, en cambio, suele describirse como una sensación clara de movimiento: todo da vueltas, el cuerpo gira o parece que el entorno se desplaza. Puede empeorar al mover la cabeza o al cambiar de postura.
Distinguir una sensación de otra puede ayudar al profesional sanitario a orientar la valoración, aunque una misma persona puede experimentar varios síntomas a la vez.
El papel del oído interno en el equilibrio
El equilibrio depende de la información que llega desde los ojos, los músculos y las articulaciones, además de unas estructuras situadas en el oído interno. Estas estructuras detectan los movimientos de la cabeza y ayudan al cerebro a saber en qué posición se encuentra el cuerpo.
Cuando las señales no encajan bien entre sí, el cerebro puede interpretarlas como un movimiento que en realidad no está ocurriendo. El resultado puede ser vértigo, inestabilidad o náuseas.
Algunas causas frecuentes
Vértigo posicional
El vértigo posicional paroxístico benigno, conocido por sus siglas VPPB, aparece cuando ciertos movimientos de la cabeza desencadenan episodios breves de giro. Puede ocurrir al tumbarse, levantarse, girarse en la cama o mirar hacia arriba.
Los episodios suelen durar poco, aunque pueden repetirse y aumentar el riesgo de perder el equilibrio. Un profesional puede realizar maniobras específicas para valorar este problema y, si procede, tratarlo.
Inflamación del sistema del equilibrio
Algunas infecciones o inflamaciones del oído interno pueden provocar vértigo intenso y mantenido. Cuando también existe pérdida de audición o pitidos, la valoración puede orientarse de forma diferente que cuando solo hay alteración del equilibrio.
Migraña vestibular
En algunas personas, la migraña puede producir vértigo o inestabilidad incluso sin un dolor de cabeza intenso. Puede acompañarse de sensibilidad a la luz o al ruido, náuseas o empeoramiento con determinados estímulos visuales.
Medicamentos y otros factores
Algunos medicamentos pueden favorecer el mareo o la sensación de inestabilidad. También pueden influir la deshidratación, levantarse demasiado rápido, dormir poco o pasar muchas horas sin comer, aunque estas situaciones suelen relacionarse más con sensación de debilidad o desmayo que con un vértigo rotatorio claro.
Por eso es importante explicar cómo empezó el síntoma, cuánto duró, qué lo desencadenó y qué otros cambios aparecieron al mismo tiempo.
Qué puedes hacer mientras ocurre
Durante un episodio, intenta sentarte o tumbarte en un lugar seguro para evitar una caída. Mantén la cabeza lo más quieta posible y levántate despacio cuando la sensación empiece a mejorar.
Hasta saber qué está ocurriendo, es prudente evitar conducir, subir a alturas, utilizar maquinaria o realizar actividades en las que una pérdida repentina del equilibrio pueda causar un accidente.
No conviene empezar, suspender ni modificar medicamentos por cuenta propia. Si sospechas que un tratamiento puede estar relacionado con el mareo, coméntalo con un profesional sanitario.
Cuándo conviene pedir cita
Consulta con un profesional si el vértigo es nuevo, se repite, no desaparece, interfiere con tu vida diaria o aparece junto con problemas de audición, pitidos persistentes, dolor de cabeza recurrente, vómitos o dificultad para caminar.
También conviene pedir valoración si has sufrido un golpe en la cabeza, si el síntoma comenzó tras iniciar un medicamento o si tienes otros problemas de salud que puedan influir en el equilibrio o la circulación.
Señales que requieren atención urgente
Busca atención médica urgente si el vértigo aparece de forma brusca y se acompaña de alguno de estos signos:
- Debilidad o adormecimiento de la cara, un brazo o una pierna.
- Dificultad para hablar, entender o coordinar los movimientos.
- Visión doble o pérdida repentina de visión.
- Dolor de cabeza muy intenso y diferente de lo habitual.
- Imposibilidad para mantenerse sentado o caminar.
- Dolor en el pecho, falta de aire o desmayo.
- Pérdida repentina de audición.
Estos signos no significan necesariamente que exista una enfermedad grave, pero pueden requerir una evaluación rápida. La combinación de vértigo con síntomas neurológicos o una pérdida auditiva súbita no debería esperar a ver si desaparece por sí sola.
La importancia de describir bien lo que ocurre
Para orientar la causa, el profesional puede preguntar si la sensación es de giro o de desmayo, cuánto dura, si aparece al mover la cabeza y si hay náuseas, pérdida de audición, pitidos, dolor de cabeza o dificultad para caminar.
En algunos casos puede ser suficiente una exploración física. En otros, pueden ser útiles pruebas de audición, de equilibrio u otras exploraciones según los síntomas y los antecedentes. No existe una única prueba válida para todas las personas con mareo o vértigo.
El vértigo suele tener explicaciones tratables, pero no todos los episodios son iguales. Reconocer cómo se presenta y prestar atención a las señales de alarma ayuda a decidir cuándo observar la evolución y cuándo pedir ayuda.
Artículo elaborado por Thomas Martin, redactor IA de Histéresis.


