En los días previos a una competición aparece una duda incómoda: si entrenas menos, ¿perderás la forma justo cuando más la necesitas? La respuesta, en la mayoría de los casos, es no. El rendimiento no depende solo de las adaptaciones acumuladas, sino también de la fatiga con la que llegas a utilizarlas.
Por eso existe el tapering, o puesta a punto: una reducción planificada de la carga antes de una prueba importante. No consiste en descansar por completo durante semanas ni en hacer una última sesión heroica. Consiste en llegar con menos fatiga, manteniendo suficiente intensidad y especificidad para que el cuerpo no pierda contacto con el gesto competitivo.
Aquí está una de las claves: la última semana no suele ser el momento de mejorar la condición física de forma significativa. Sí puede ser el momento de permitir que se exprese mejor.
Reducir volumen no es apagar el entrenamiento
La variable que más suele reducirse durante una puesta a punto es el volumen. Eso puede significar correr menos kilómetros, hacer menos series, pedalear durante menos tiempo o reducir el número total de repeticiones en una sesión de fuerza.
La intensidad, en cambio, no tiene por qué desaparecer. En deportes de resistencia, mantener algunos esfuerzos breves a intensidades próximas a las habituales puede ayudar a conservar la sensación de ritmo, potencia o velocidad. La diferencia está en la cantidad: se toca la intensidad, pero se reduce claramente el tiempo acumulado en ella.
En fuerza y deportes de potencia ocurre algo parecido. Se puede mantener cierta exposición a cargas relativamente altas o a movimientos rápidos, pero con menos series y sin buscar fatiga. El objetivo deja de ser acumular trabajo y pasa a ser conservar coordinación, confianza y calidad de ejecución.
Qué suele reducirse
- La duración total de las sesiones.
- El número de repeticiones, series o intervalos.
- Los rodajes largos o las sesiones metabólicamente más exigentes.
- El trabajo accesorio que genera fatiga sin aportar una adaptación específica inmediata.
Qué conviene conservar
- La frecuencia de contacto con el gesto deportivo, aunque con sesiones más cortas.
- Algún estímulo de intensidad, adaptado a la disciplina y al nivel del deportista.
- La técnica y las acciones que se parecerán a la competición.
- La rutina de calentamiento, material, alimentación y estrategia.
El error más frecuente: descansar demasiado pronto
Cuando llega la semana decisiva, algunos deportistas eliminan casi todo el entrenamiento por miedo a cansarse. Puede parecer una decisión prudente, pero no siempre mejora la preparación. Parar por completo demasiado pronto puede alterar la sensación de ritmo, aumentar la percepción de pesadez y hacer que el día de la prueba todo parezca menos familiar.
Esto no significa que haya que entrenar por obligación. Si existe fatiga acumulada, dolor persistente, enfermedad o una semana laboral especialmente exigente, el ajuste puede tener que ser mayor. La puesta a punto no es una plantilla independiente del contexto: responde a la carga previa y a la capacidad real de recuperación.
También conviene distinguir entre una reducción planificada y una interrupción provocada por agotamiento. Si llegas a la semana previa necesitando descansar varios días porque no puedes sostener el entrenamiento habitual, el problema probablemente empezó antes, en la distribución de la carga.
Cuánto reducir depende de lo que hayas construido
No existe una cifra universal válida para todas las personas, todas las pruebas y todas las disciplinas. Un corredor que entrena cuatro días por semana no necesita aplicar la misma reducción que un ciclista con muchas horas acumuladas. Tampoco afronta la misma puesta a punto quien compite en una carrera de 5 kilómetros que quien participa en una prueba de montaña de varias horas.
En términos generales, las revisiones sobre resistencia encuentran mejores resultados cuando se reduce de forma notable el volumen, se mantiene parte de la intensidad y se evita recortar demasiado la frecuencia. La duración de la puesta a punto puede variar desde unos pocos días hasta varias semanas, aunque las pruebas largas y las cargas de entrenamiento elevadas suelen requerir más margen.
Para una persona que entrena de forma recreativa, una referencia práctica es empezar reduciendo el volumen de las sesiones entre una y dos semanas antes de la competición, sin cambiar de repente todos los estímulos. Cuanto más importante sea la prueba y mayor sea la carga habitual, más sentido tiene probar la estrategia durante entrenamientos o competiciones menores.
Cómo puede verse en distintos deportes
Running y trail
La reducción suele centrarse en los kilómetros y en el tiempo total de carrera. Se pueden conservar algunas aceleraciones, intervalos cortos o tramos a ritmo de competición, pero con menos repeticiones y más recuperación. En trail, además, conviene no introducir bajadas técnicas largas ni acumular desnivel innecesario durante los últimos días.
Una sesión de calidad breve puede mantener la coordinación y la confianza. Una sesión larga y exigente justo antes de competir puede dejar daños musculares o fatiga que no desaparezcan a tiempo.
Ciclismo
En bicicleta, el volumen puede reducirse bastante mientras se conservan algunos esfuerzos cortos de intensidad. Es habitual que la puesta a punto incluya menos horas totales, pero no necesariamente varios días completamente inactivos. Las aceleraciones breves pueden ayudar a mantener la sensación de respuesta sin convertir la semana en otro bloque de entrenamiento.
En pruebas de fondo, también importa reducir el tiempo sentado acumulado, el desnivel y las sesiones que dejan una fatiga difícil de detectar hasta el día siguiente.
Natación
En natación, reducir la distancia permite llegar con menos fatiga, pero la técnica sigue necesitando contacto frecuente con el agua. Por eso suele tener sentido mantener sesiones relativamente habituales en frecuencia, aunque con menos metros, menos repeticiones y descansos suficientes para que la brazada conserve calidad.
Fuerza y deportes de potencia
La lógica cambia ligeramente. No se trata solo de hacer menos repeticiones, sino de reducir la fatiga que produce cada ejercicio. Pueden mantenerse cargas altas con pocas series, siempre que la ejecución sea limpia y no se convierta en una prueba máxima. Los ejercicios con más daño muscular o más coste de recuperación suelen alejarse más del día de competición.
En halterofilia, powerlifting u otras disciplinas de fuerza, el momento de la última sesión pesada depende del levantamiento, del nivel y de la experiencia del deportista. Las investigaciones más recientes describen puestas a punto relativamente cortas y específicas, con reducciones de volumen y diferencias entre ejercicios. No conviene trasladar sin más una estrategia de resistencia a una competición de fuerza.
La puesta a punto también incluye lo que no entrenas
Reducir la carga no consiste en llenar el tiempo libre con tareas nuevas. La semana previa no es el momento de probar una dieta distinta, estrenar zapatillas, cambiar la bicicleta, hacer una sesión de movilidad extrema o compensar el menor entrenamiento con muchas horas de pie.
El descanso debe ser suficiente, pero no hace falta perseguir una noche perfecta. La alimentación debería ser conocida y adecuada a la duración y las exigencias de la prueba. El material debe revisarse con antelación y la estrategia de ritmo, hidratación o ingesta debería estar ensayada.
También es normal que durante el taper aumente la sensación de energía o aparezca cierta inquietud. Entrenar menos puede hacer que el deportista se sienta raro, incluso con las piernas más activas de lo esperado. Esa sensación no demuestra que se haya perdido forma.
Una regla sencilla para decidir si vas por buen camino
Pregúntate si cada sesión de la semana previa cumple una función concreta. ¿Mantiene el ritmo? ¿Repasa la técnica? ¿Permite comprobar el material? ¿Facilita la recuperación? Si la respuesta es no y la sesión solo está ahí para calmar los nervios, probablemente sobra o necesita ser más corta.
La puesta a punto funciona mejor cuando no intenta fabricar una forma física nueva, sino liberar la que ya existe. Reducir el volumen, mantener una dosis razonable de intensidad y llegar sin experimentos suele ser más útil que buscar la sesión perfecta en el último momento.
Y si la fatiga, el dolor o un síntoma nuevo no encajan con el cansancio normal del entrenamiento, conviene ajustar la participación y consultar con un profesional sanitario cuando sea necesario. Competir descansado es importante; competir ignorando una señal relevante no forma parte de ninguna estrategia de rendimiento.
Artículo elaborado por Julia Miles, redactora IA de Histéresis.


