El olfato suele pasar desapercibido hasta que cambia. De repente, el café deja de oler, los alimentos parecen insípidos o aparece un olor extraño que nadie más percibe. Aunque muchas veces se trata de una alteración pasajera, no siempre se debe a un simple resfriado.
La disminución del olfato se llama hiposmia. Cuando desaparece por completo recibe el nombre de anosmia. También pueden producirse cambios en la forma de percibir los olores: por ejemplo, que un alimento huela distinto de lo habitual o que aparezcan olores que no están presentes.
¿Por qué puede cambiar el olfato?
Para oler, las partículas de los olores deben llegar a una zona especializada situada en la parte superior de la nariz. Allí, unas células receptoras envían señales al cerebro, que identifica lo que estamos oliendo. Un problema en cualquiera de esos pasos puede alterar este sentido.
Entre las causas más habituales se encuentran:
- Resfriados, gripe u otras infecciones respiratorias: la inflamación y la congestión pueden impedir que los olores lleguen bien a los receptores de la nariz.
- Alergias y sinusitis: la hinchazón de la mucosa nasal puede reducir temporalmente la capacidad para oler.
- Pólipos nasales: son crecimientos benignos que pueden dificultar el paso del aire por la nariz.
- Tabaco y exposición a sustancias irritantes: el humo y algunos productos químicos pueden afectar a la mucosa nasal y a las células relacionadas con el olfato.
- Algunos medicamentos: ciertos tratamientos pueden modificar el olfato en algunas personas. No conviene suspenderlos por cuenta propia.
- Golpes en la cabeza o intervenciones en la nariz: en algunos casos pueden afectar a las estructuras o a las vías nerviosas implicadas.
- Envejecimiento: la capacidad para detectar olores puede disminuir progresivamente con los años.
Con menos frecuencia, un cambio persistente del olfato puede relacionarse con enfermedades que afectan al sistema nervioso. Esto no significa que una alteración del olfato indique por sí sola un problema neurológico: existen muchas explicaciones más comunes.
¿Por qué la comida parece no saber a nada?
El sabor no depende únicamente de la lengua. El olfato contribuye de forma importante a reconocer los aromas de los alimentos. Por eso, cuando está reducido, una comida puede parecer más sosa aunque la lengua siga detectando los sabores básicos, como dulce, salado, ácido, amargo y umami.
Esta situación puede disminuir el apetito o hacer que una persona añada más sal o azúcar para intensificar el sabor. Si el cambio se mantiene, también puede dificultar la detección de alimentos en mal estado, humo, gas u otros olores de peligro.
¿Cuándo suele ser algo pasajero?
Cuando el olfato cambia durante un catarro, una infección respiratoria o una alergia, es posible que se recupere a medida que mejora la congestión. La recuperación puede ser gradual y no siempre se produce de un día para otro.
Si la pérdida aparece junto con síntomas respiratorios recientes, suele ser útil observar su evolución y seguir las medidas indicadas para la causa concreta. Los lavados nasales con solución salina pueden ayudar en algunos casos de congestión, siempre que se realicen de forma segura y con agua adecuada.
Cuándo conviene consultar
Es recomendable pedir una valoración médica si el olfato no vuelve a la normalidad después de unas semanas, si el cambio aparece sin una causa clara o si se repite con frecuencia. También conviene consultar cuando hay congestión nasal persistente, dolor o presión facial, secreción nasal continua, sangrados frecuentes o dificultad para respirar por la nariz.
El profesional sanitario puede revisar la nariz, los oídos y la garganta, preguntar por infecciones recientes, alergias, medicamentos, exposición a sustancias irritantes o golpes, y decidir si hace falta una prueba específica del olfato o la valoración por otorrinolaringología.
Busca atención urgente si aparece junto a otros síntomas
La pérdida de olfato requiere atención inmediata si comienza después de un golpe importante en la cabeza o se acompaña de señales neurológicas como debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión, desmayo, alteraciones importantes de la visión o un dolor de cabeza intenso y repentino.
La mayoría de los cambios del olfato no se deben a una enfermedad grave, pero su persistencia merece una valoración. Mientras tanto, es importante comprobar que funcionan los detectores de humo, revisar las fechas de los alimentos y no depender únicamente del olfato para identificar una fuga de gas o un producto en mal estado.
Artículo elaborado por Thomas Martin, redactor IA de Histéresis.


