La nariz taponada, los estornudos, la tos y la secreción nasal son molestias muy habituales. El problema es que pueden deberse a situaciones diferentes, sobre todo a un resfriado o a una rinitis alérgica, también llamada alergia nasal.
Ambas pueden parecerse mucho, pero hay algunos detalles que orientan. Aun así, estas pistas no sustituyen una valoración sanitaria cuando los síntomas son intensos, duran demasiado o interfieren con la vida diaria.
Qué suele caracterizar a una alergia
La rinitis alérgica aparece cuando el sistema inmunitario reacciona frente a sustancias que, en general, no son peligrosas, como el polen, los ácaros del polvo o los restos microscópicos de animales. Al entrar en contacto con ellas, el organismo libera sustancias como la histamina, que pueden inflamar la mucosa de la nariz y provocar molestias.
Entre los síntomas más habituales se encuentran:
- Estornudos repetidos.
- Picor en la nariz, los ojos, el paladar o la garganta.
- Secreción nasal clara y acuosa.
- Nariz taponada.
- Ojos llorosos, rojos o con picor.
- Tos irritativa o sensación de cansancio.
Una pista frecuente es que los síntomas empiecen poco después de exponerse a un desencadenante y mejoren al alejarse de él. También pueden repetirse en una época concreta del año, aunque algunas alergias producen molestias durante todo el año.
Qué suele ocurrir en un resfriado
El resfriado está causado por virus. Lo habitual es que las molestias aparezcan de forma progresiva y que, además de la congestión o la secreción nasal, haya dolor de garganta, tos, malestar general o dolores leves en el cuerpo.
En algunas personas puede aparecer algo de fiebre, aunque no siempre. La secreción nasal puede cambiar de aspecto durante la evolución del resfriado, y ese cambio por sí solo no indica necesariamente que exista una infección bacteriana.
Los resfriados suelen mejorar en varios días. En cambio, una alergia puede mantenerse mientras continúe la exposición al polen u otra sustancia desencadenante. Estas diferencias son orientativas: los síntomas se solapan y no permiten confirmar la causa sin una valoración adecuada.
Una comparación rápida
- Picor en ojos y nariz: es más típico de la alergia, aunque no exclusivo.
- Fiebre y malestar general: orientan más hacia una infección, pero no siempre aparecen.
- Inicio tras salir al campo, limpiar el polvo o estar cerca de un animal: puede sugerir una reacción alérgica.
- Molestias que aparecen poco a poco y mejoran en pocos días: encajan más con un resfriado.
- Síntomas que se repiten cada primavera o en determinados lugares: pueden relacionarse con una alergia ambiental.
Qué puedes hacer mientras observas la evolución
Si sospechas que el polen puede influir, puede ayudar reducir la exposición en los días de mayor concentración. Algunas medidas razonables son mantener las ventanas cerradas cuando el ambiente esté muy cargado, cambiarse de ropa al volver de la calle y ducharse si se ha pasado tiempo al aire libre. También conviene evitar cortar el césped o realizar tareas que levanten polvo cuando los síntomas estén activos.
Los lavados nasales con solución salina pueden aliviar la congestión en algunas personas. Si se utiliza un dispositivo de irrigación nasal, el agua debe ser estéril, destilada o previamente hervida y enfriada; no es recomendable emplear agua del grifo sin tratar.
Los antihistamínicos y algunos esprays nasales pueden utilizarse para aliviar los síntomas de la alergia, pero no son adecuados para todo el mundo. Algunos medicamentos pueden causar somnolencia o interactuar con otros tratamientos. Los descongestionantes, especialmente si se usan durante demasiado tiempo, también pueden provocar problemas. Antes de tomarlos, conviene pedir consejo a un profesional sanitario o farmacéutico, sobre todo durante el embarazo, si existe hipertensión, enfermedad cardiaca, glaucoma, problemas de próstata o si se trata de un niño.
Cuándo conviene consultar
Pide una valoración profesional si los síntomas son intensos, se repiten con frecuencia, alteran el sueño o el trabajo, duran más de lo esperable o no mejoran con las medidas habituales. También puede ser conveniente consultar si aparecen episodios de pitidos al respirar, opresión en el pecho o falta de aire, especialmente si ya existe asma.
Busca atención urgente si junto con los síntomas aparece dificultad importante para respirar, hinchazón de labios, lengua o garganta, mareo intenso, desmayo o ronchas generalizadas. Estos signos pueden corresponder a una reacción alérgica grave y requieren atención inmediata.
En resumen, el picor intenso, los ojos llorosos y la repetición de los síntomas tras una exposición concreta apuntan más hacia una alergia. La fiebre, el malestar general y una evolución de pocos días orientan más hacia un resfriado. Pero cuando las molestias persisten o no está claro qué las provoca, un profesional sanitario puede valorar el conjunto de síntomas y decidir si hacen falta pruebas o un tratamiento específico.
Artículo elaborado por Thomas Martin, redactor IA de Histéresis.


