Últimas publicaciones

Deflación: qué es, por qué aparece y cómo afecta a la economía

La deflación es una caída general y continuada de los precios de bienes y servicios en una economía. No significa simplemente que algunos productos se hayan abaratado ni que una oferta puntual permita comprar más barato durante unos días. Para hablar de deflación debe producirse un descenso amplio y persistente del nivel general de precios.

La diferencia es importante porque una bajada aislada puede beneficiar al consumidor, mientras que una deflación prolongada puede afectar al empleo, la inversión, los salarios y la capacidad de familias y empresas para devolver sus deudas. En este artículo se explica cómo funciona, por qué puede aparecer y por qué los bancos centrales intentan evitarla.

Qué significa exactamente deflación

La deflación es la situación contraria a la inflación. Si con la inflación sube de forma general el precio de la cesta de bienes y servicios que consumen los hogares, con la deflación esa cesta se abarata de manera general durante un periodo sostenido.

El Instituto Nacional de Estadística utiliza el Índice de Precios de Consumo, conocido como IPC, para medir la evolución de los precios de los bienes y servicios consumidos por los hogares residentes en España. El indicador se calcula a partir de una cesta representativa y de miles de precios recogidos en distintos establecimientos y canales de venta.

La deflación no se identifica porque baje el precio de un producto concreto. Por ejemplo, una reducción del precio de los teléfonos móviles por una mejora tecnológica no implica necesariamente deflación. También puede ocurrir que la gasolina baje mientras suben los alimentos, los alquileres y los servicios. Lo relevante es la evolución conjunta del nivel de precios.

Un ejemplo sencillo

Imaginemos, como ejemplo hipotético, una cesta de consumo cuyo coste pasa de 100 euros a 98 euros. La variación sería:

(98 – 100) ÷ 100 × 100 = -2 %

En ese caso, esa cesta habría registrado una caída del 2 %. Para que el fenómeno pueda considerarse deflación, la bajada tendría que extenderse a una parte amplia de la economía y mantenerse en el tiempo, no limitarse a un mes o a determinados artículos.

Deflación y desinflación no son lo mismo

Una de las confusiones más habituales consiste en llamar deflación a cualquier moderación de los precios. Sin embargo, deflación y desinflación describen situaciones distintas.

Hay desinflación cuando los precios siguen subiendo, pero lo hacen a un ritmo menor. Por ejemplo, si la inflación anual pasa del 6 % al 3 %, los precios continúan aumentando, aunque con menos intensidad.

Hay deflación cuando la variación general de los precios es negativa. En ese caso, el nivel de precios disminuye en lugar de crecer.

La distinción afecta a la interpretación de los datos. Que la inflación baje no significa que los productos hayan recuperado automáticamente los precios anteriores. Si un artículo subió de 100 a 110 euros y después su precio aumenta un 2 %, pasará a costar 112,20 euros, no volverá a 100 euros. La desinflación reduce la velocidad de las subidas, pero no borra los incrementos acumulados.

Por qué puede aparecer la deflación

La deflación puede tener causas diferentes. En ocasiones aparece por una caída de la demanda: los hogares consumen menos, las empresas venden menos y los negocios reducen precios para intentar atraer compradores.

También puede surgir por un exceso de capacidad productiva, por un deterioro de la confianza o por un endurecimiento importante de las condiciones de financiación. Si las familias y las empresas tienen más dificultades para obtener crédito, pueden retrasar compras e inversiones, lo que reduce la actividad.

Otra posibilidad es una bajada de costes o una mejora de la productividad que permita producir más barato. Esta situación puede ser favorable si se traduce en precios menores sin perjudicar la producción, los salarios o el empleo. El problema aparece cuando la caída de precios refleja una debilidad persistente de la demanda y termina afectando al conjunto de la economía.

El círculo de la deflación

Uno de los riesgos principales es que la deflación se convierta en un proceso que se retroalimente.

Si los consumidores creen que los precios seguirán bajando, algunos pueden aplazar compras que no sean imprescindibles. Una familia podría retrasar la compra de un electrodoméstico y una empresa podría posponer la adquisición de maquinaria. Si muchas decisiones se retrasan al mismo tiempo, las ventas disminuyen.

Ante esa menor demanda, las empresas pueden reducir precios, limitar la producción o recortar gastos. En algunos casos, esto puede traducirse en menos contrataciones, menores salarios o despidos. La pérdida de ingresos reduce todavía más el consumo y aumenta la presión para seguir bajando precios.

Este mecanismo no se produce siempre ni con la misma intensidad. Una rebaja puntual puede mejorar el poder adquisitivo sin generar un problema macroeconómico. El riesgo está en una caída general, persistente y asociada a menor actividad, empleo e inversión.

Cómo afecta la deflación a las deudas

La deflación puede hacer más pesada una deuda en términos reales. El importe nominal del préstamo no cambia automáticamente porque bajen los precios, pero sí puede disminuir el dinero que entra en los hogares o en las empresas.

Por ejemplo, una familia que mantiene una cuota fija puede encontrarse con que sus ingresos se reducen o crecen menos mientras la cantidad que debe pagar al banco permanece igual. La cuota representa entonces una parte mayor de su renta disponible.

El mismo problema puede afectar a las empresas. Si venden menos y obtienen menores ingresos, les resulta más difícil atender préstamos, créditos comerciales o emisiones de deuda. Los impagos pueden aumentar y las entidades financieras pueden volverse más prudentes al conceder financiación, lo que reduce todavía más el crédito disponible.

La deuda pública también puede resultar más difícil de gestionar si la economía se debilita y los ingresos fiscales disminuyen. En ese contexto, el peso de las obligaciones pendientes puede aumentar en relación con los ingresos de hogares, empresas o administraciones.

Qué efectos tiene sobre los hogares

A primera vista, una bajada general de precios parece beneficiosa porque permite comprar más con el mismo dinero. Esa ventaja puede existir en el corto plazo, especialmente para quienes conservan sus ingresos y no tienen deudas relevantes.

Sin embargo, el efecto no es igual para todos. Las personas endeudadas pueden verse perjudicadas si sus ingresos caen o se estancan. También pueden sufrir quienes pierdan el empleo o dependan de sectores afectados por la reducción de ventas.

Además, los precios no bajan necesariamente todos a la vez ni en la misma proporción. Algunos bienes pueden abaratarse mientras otros se mantienen estables o siguen subiendo. Por eso, la experiencia de cada hogar puede ser distinta de la evolución media reflejada por un índice de precios.

Qué puede hacer el banco central

Los bancos centrales intentan mantener la estabilidad de precios porque tanto una inflación elevada como una deflación persistente pueden generar costes para la economía. En la zona euro, el Banco Central Europeo orienta su política monetaria hacia una inflación del 2 % a medio plazo.

Para combatir una debilidad excesiva de los precios, un banco central puede reducir los tipos de interés oficiales, facilitar la financiación del sistema bancario o utilizar otros instrumentos de política monetaria. El objetivo es estimular el crédito, el consumo y la inversión cuando la economía lo necesita.

Estas medidas no garantizan por sí solas que los precios vuelvan a subir de inmediato. Su efecto depende de la confianza de los hogares y las empresas, de la salud del sistema financiero y de la situación económica general. Si la demanda sigue muy debilitada, la política monetaria puede tardar en transmitirse a la economía real.

Por qué una bajada puntual no siempre es mala

No toda reducción de precios debe interpretarse como una señal negativa. Los avances tecnológicos, una mayor competencia o la caída de determinados costes pueden abaratar productos y mejorar el poder adquisitivo de los consumidores.

La preocupación aparece cuando la bajada es general, duradera y está relacionada con una contracción de la demanda. En ese caso, el abaratamiento deja de ser solo una ventaja para el comprador y puede convertirse en un síntoma de menor producción, menos empleo y mayor dificultad para devolver las deudas.

Por eso, al analizar los precios conviene observar varios elementos a la vez: la evolución del índice general, sus componentes, los salarios, el consumo, la inversión y el empleo. Una sola cifra mensual no permite diagnosticar por sí misma un proceso de deflación.

Artículo elaborado por P. Huchas, redactor IA de Histéresis.

Últimas publicaciones

spot_imgspot_img

No te lo pierdas