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Amortización anticipada de la hipoteca: ¿bajar la cuota o acortar el plazo?

Cuando una persona reúne una cantidad de dinero y decide utilizarla para reducir su hipoteca, suele encontrarse con dos opciones: pagar menos cada mes o mantener una cuota parecida y terminar antes el préstamo. Las dos alternativas reducen la deuda, pero no producen el mismo resultado.

La elección depende de varios factores: el tipo de interés, los años que quedan, la comisión que pueda aplicar el banco, la necesidad de conservar liquidez y el objetivo principal del hogar. No es lo mismo buscar un alivio mensual que reducir al máximo los intereses futuros.

Qué significa amortizar anticipadamente una hipoteca

La amortización anticipada consiste en devolver antes de tiempo una parte o la totalidad del capital pendiente de un préstamo. En una amortización parcial, el dinero entregado se descuenta de la deuda y el banco recalcula el calendario de pagos.

Ese nuevo calendario puede aplicarse de dos formas habituales. La primera mantiene el plazo original y reduce el importe de las cuotas. La segunda conserva una cuota similar y acorta el tiempo que queda hasta el vencimiento.

En ambos casos se reduce el capital sobre el que se calculan los intereses. Sin embargo, cuanto más tiempo se mantenga viva la hipoteca, durante más meses se seguirán pagando intereses. Por eso, con un tipo de interés constante, reducir plazo suele generar un ahorro financiero mayor que reducir cuota.

Bajar la cuota: qué ventajas y límites tiene

Si se elige reducir la cuota, el plazo de la hipoteca permanece igual, pero el pago mensual disminuye. Esta opción puede ser útil para hogares que necesitan mejorar su presupuesto mensual, afrontar una reducción de ingresos o aumentar su margen para otros gastos.

Su principal ventaja es la liquidez. Una cuota más baja puede hacer que el esfuerzo mensual sea más llevadero y reducir el riesgo de que un gasto imprevisto desestabilice las finanzas familiares.

El inconveniente es que la deuda continúa durante el mismo número de años. Aunque el capital pendiente sea menor, se siguen pagando intereses durante todo el plazo restante. El ahorro total será, por tanto, inferior al que normalmente se conseguiría manteniendo la cuota y reduciendo la duración.

Acortar el plazo: cuándo reduce más los intereses

La alternativa consiste en destinar la amortización a mantener una cuota parecida y terminar antes el préstamo. En este caso, el hogar no obtiene tanto alivio mensual, pero deja de pagar varias cuotas al final del calendario.

La reducción de plazo suele ser especialmente relevante cuando todavía quedan muchos años de hipoteca o cuando el tipo de interés es elevado. Al desaparecer meses de pagos, también desaparecen los intereses asociados a esos meses.

Esta opción exige, no obstante, que la cuota resultante siga siendo cómoda. Una familia puede ahorrar más intereses sobre el papel, pero quedar demasiado ajustada cada mes si utiliza todos sus ahorros para amortizar y mantiene un pago elevado.

Ejemplo hipotético con las dos alternativas

El siguiente ejemplo es únicamente ilustrativo. Supongamos una hipoteca con 150.000 euros de capital pendiente, 20 años por delante y un tipo de interés constante del 3,5 % anual. Se plantea amortizar 20.000 euros.

Antes de la amortización, la cuota mensual aproximada sería de 869,94 euros. Si se mantienen los 240 meses restantes y se recalcula la cuota sobre 130.000 euros, el pago bajaría aproximadamente a 753,95 euros mensuales.

En ese escenario, los intereses futuros pasarían de unos 58.785,50 euros a aproximadamente 50.947,43 euros. El ahorro estimado en intereses sería de 7.838,07 euros, sin tener en cuenta posibles comisiones ni cambios del tipo de interés.

Si, en cambio, se mantiene una cuota cercana a 869,94 euros, el plazo teórico sería de aproximadamente 196,55 meses. En la práctica, esto supondría 196 cuotas completas y un último pago menor, alrededor de 16 años y 5 meses en total. Los intereses futuros serían de aproximadamente 40.989 euros, frente a los 58.785,50 euros iniciales. La diferencia rondaría los 17.797 euros, aunque el importe del último pago y el calendario exacto pueden variar por los redondeos y las condiciones concretas del préstamo.

El ejemplo muestra la diferencia entre ambas estrategias: reducir cuota mejora el presupuesto mensual, mientras que reducir plazo suele maximizar el ahorro de intereses.

Qué comisión puede cobrar el banco

La amortización anticipada no siempre es gratuita. En los préstamos hipotecarios sujetos a la Ley 5/2019, firmados desde el 16 de junio de 2019 por personas físicas sobre inmuebles de uso residencial, la entidad solo puede cobrar la compensación prevista en el contrato y dentro de los límites legales.

En las hipotecas variables, puede existir una compensación máxima del 0,15 % del capital reembolsado durante los cinco primeros años o del 0,25 % durante los tres primeros, según la opción pactada. Después de esos periodos, el límite general es del 0 %.

En las hipotecas a tipo fijo, el límite puede alcanzar el 2 % del capital reembolsado durante los diez primeros años y el 1,5 % después, siempre que se cumplan las condiciones legales y contractuales aplicables.

Estos porcentajes son límites máximos, no importes que el banco pueda cobrar automáticamente en todos los casos. También debe revisarse la escritura, la fecha de firma, el tipo de préstamo y la posible existencia de una pérdida financiera calculada conforme a la normativa. Las hipotecas anteriores al 16 de junio de 2019 pueden tener un régimen diferente.

Qué información conviene pedir antes de amortizar

Antes de entregar el dinero, el titular puede solicitar a la entidad un cálculo detallado de las consecuencias de la operación. En los préstamos regulados por la normativa de crédito inmobiliario, el banco debe facilitar la información necesaria en un plazo máximo de tres días hábiles desde que se manifiesta la voluntad de reembolsar anticipadamente. El contrato puede establecer un plazo de comunicación previa, pero no superior a un mes.

La documentación debería permitir comparar, como mínimo, estas tres cifras: el importe de la comisión, la nueva cuota si se mantiene el plazo y el nuevo plazo si se mantiene la cuota. También conviene comprobar si el banco aplica la amortización a la siguiente cuota, si existe un importe mínimo y qué gastos administrativos contempla el contrato.

No conviene utilizar todo el ahorro disponible

Amortizar deuda reduce los intereses futuros, pero transforma dinero disponible en una menor deuda hipotecaria. Después de la operación, recuperar ese dinero puede ser difícil salvo que se vuelva a solicitar financiación.

Por eso, antes de amortizar conviene valorar la liquidez restante, los ingresos del hogar, los gastos previsibles y la existencia de otros créditos más caros. También es prudente evitar que la operación deje la cuenta sin margen para afrontar reparaciones, desempleo, enfermedad u otros imprevistos.

La decisión tampoco debe basarse únicamente en una comparación matemática. Una cuota más baja puede aportar tranquilidad y flexibilidad, mientras que terminar antes con la hipoteca puede reducir la dependencia de los ingresos futuros. Ambas ventajas tienen valor, aunque no se reflejen de la misma manera en el cálculo de intereses.

Cómo comparar las dos opciones

Una forma sencilla de analizar la operación es pedir al banco dos cuadros de amortización y compararlos con la situación actual. Hay que observar la cuota mensual, el número de pagos pendientes, los intereses totales, las comisiones y el dinero que quedaría disponible después de la amortización.

También puede utilizarse un simulador de amortización, siempre teniendo en cuenta que los resultados son aproximados. Los cálculos pueden variar si el préstamo es variable, si la revisión del tipo está próxima, si existen seguros vinculados o si el contrato utiliza un sistema distinto al habitual sistema francés.

En resumen, reducir cuota suele ser la alternativa más orientada a mejorar el presupuesto mensual. Reducir plazo suele ser la opción que más intereses ahorra, siempre que la cuota restante sea asumible y la amortización no deje al hogar sin liquidez suficiente. La elección correcta no es universal: depende del contrato y de la situación financiera de cada familia.

Artículo elaborado por P. Huchas, redactor IA de Histéresis.

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