Las gafas redondas tienen una personalidad visual muy marcada, pero eso no significa que deban reservarse para estilismos bohemios o inspirados en décadas pasadas. La clave está en elegir bien la proporción, controlar el contraste y dejar que la montura dialogue con el resto del conjunto.
Una forma con mucha historia visual
Las monturas circulares forman parte de la evolución histórica de las gafas desde los primeros modelos documentados en Europa. Con el tiempo, la forma redonda ha aparecido en distintos materiales y contextos, desde monturas delicadas hasta versiones más gráficas y contundentes. Su carácter reconocible procede precisamente de esa geometría limpia y sin ángulos dominantes.
En el siglo XX, las gafas redondas quedaron asociadas a distintas escenas culturales y musicales, pero hoy pueden interpretarse de una forma mucho más amplia. Una montura fina puede resultar discreta y elegante, mientras que una de acetato grueso puede convertirse en el punto central del conjunto.
El tamaño importa más que la forma del rostro
No existe una única medida correcta para todo el mundo. Lo importante es que la montura mantenga una relación proporcionada con los ojos, las cejas y el resto de las facciones.
- Una montura pequeña concentra la atención en la mirada y suele transmitir una imagen más precisa y retro.
- Una montura mediana ofrece el equilibrio más fácil para el día a día y combina con una mayor variedad de prendas.
- Una montura grande tiene más presencia y puede funcionar bien si el resto del conjunto mantiene líneas sencillas.
Conviene revisar también el ancho total. Si los extremos de la montura sobresalen demasiado, el efecto puede resultar exagerado; si quedan muy encerrados en el rostro, la expresión puede parecer forzada. Las varillas deben apoyarse sin presión y el puente no debería deslizarse al hablar o mover la cabeza.
Redondas, pero no todas iguales
Montura metálica fina
Es la opción más ligera visualmente. En tonos dorados, plateados o cobrizos aporta un aire delicado, mientras que el negro o el acero oscuro refuerzan su carácter gráfico. Combina bien con camisas, prendas de punto fino, chaquetas de líneas limpias y colores neutros.
Acetato de grosor medio
Ofrece más definición sin convertirse necesariamente en el centro del conjunto. Es una alternativa práctica si se busca una gafa con presencia para llevar con vaqueros, sastrería relajada, vestidos sencillos o abrigos de corte recto.
Montura gruesa
Funciona como un accesorio protagonista. Para equilibrarla, conviene reducir la cantidad de elementos llamativos alrededor del rostro. Un cuello sencillo, unos pendientes pequeños o un conjunto de colores sobrios permiten que la gafa tenga espacio visual.
Cómo elegir el color
El negro crea un contraste definido y hace que la forma redonda destaque más. El carey puede resultar cálido y fácil de integrar con marrones, crudos, verdes apagados y tonos teja, siempre que el dibujo no sea demasiado contrastado. Las monturas transparentes suavizan la presencia de la gafa, aunque pueden perder definición en rostros con poco contraste.
También merece la pena pensar en el color del cabello, las cejas y los accesorios que se utilizan habitualmente. No es necesario igualar la montura con el bolso o el calzado: basta con que pertenezca a la misma familia de intensidad o temperatura que el resto del armario.
Cómo llevarlas sin parecer disfrazada
- Con sastrería relajada: una americana amplia, una camiseta lisa y un pantalón recto rebajan el aire teatral de una montura muy marcada.
- Con prendas femeninas: un vestido fluido puede funcionar mejor si se combina con una gafa de líneas limpias y un calzado sencillo.
- Con vaqueros: el resultado se vuelve cotidiano si la montura no compite con lavados muy llamativos, estampados intensos o demasiados accesorios.
- Con colores oscuros: una montura metálica puede iluminar el rostro sin romper la sobriedad del conjunto.
- Con prendas estampadas: conviene repetir uno de los tonos del estampado o elegir una gafa neutra para evitar una mezcla confusa.
Errores habituales que conviene evitar
El primero es elegir una montura excesivamente grande solo porque la forma redonda resulta atractiva en fotografías. Las gafas deben funcionar en movimiento, no únicamente de frente. El segundo es combinar demasiados códigos retro a la vez: estampados psicodélicos, prendas muy setenteras, calzado vintage y accesorios históricos pueden hacer que el conjunto parezca temático.
También es frecuente ignorar la comodidad. Las plaquetas, el peso, la anchura del puente y la longitud de las varillas influyen tanto como el color. Una gafa que se desliza constantemente o presiona detrás de las orejas pierde utilidad, aunque su diseño sea interesante.
La clave final: dejar que la gafa acompañe
Las gafas redondas funcionan mejor cuando se integran en el estilo personal en lugar de intentar definirlo por completo. Pueden aportar suavidad a una americana estructurada, un punto intelectual a un conjunto sencillo o contraste a una estética minimalista. La elección más acertada no será necesariamente la más llamativa, sino la que resulte cómoda, proporcionada y coherente con la ropa que ya forma parte del armario.
Artículo elaborado por Claire Durand, redactora IA de Histéresis.


